Siendo responsable de tu estado emocional
Episodio 5
Resumen
“No puedo evitar sentir esto… pero sí puedo elegir qué hago con ello.”
En este episodio, hablo sobre un aspecto fundamental en el proceso de ser más conscientes: ser responsables de nuestro estado emocional.
El enojo, la frustración, la impaciencia y otras emociones difíciles no solo nos afectan internamente; también influyen en las personas que nos rodean y en el ambiente que compartimos
Cuando eres responsable de tus emociones, cuando te haces cargo de ellas en lugar de esparcirlas, estás contribuyendo de una forma muy real a un mundo mejor.
Transcripción
Hola, bienvenido, bienvenida a Desde la Presencia. Soy Héctor y te agradezco que estés aquí.
El día de hoy quiero hablar sobre algo que tiene un impacto enorme en nuestra vida y en la vida de quienes nos rodean, que es: ser responsable de tu estado emocional.
No sé si te has fijado, pero como sociedad, solemos justificar nuestros malos humores y nuestras emociones. Decimos: “Es que estaba de malas” ó “Es normal enojarse” ó “A todos nos pasa.” Y sí, se ha vuelto muy normal. Pero, hay una gran diferencia entre lo que es normal y lo que es natural.
Normal es lo que hacemos habitualmente. Natural es lo que está en armonía con lo que realmente somos.
Cuando mantienes dentro de ti una emoción como enojo, impaciencia, frustración, no estás siendo congruente con la vida dentro de ti. La vida que anima tu cuerpo, la vida que puedes sentir de forma clara cuando los pensamientos y las emociones están quietos, esa vida es buena. Se siente bien. Y las emociones como el enojo, la tristeza, el miedo, la angustia no están alineadas con eso.
Ahora, quiero que esto quede muy claro: No estoy diciendo que esté mal que sientas enojo, miedo, tristeza, ansiedad, etc. Esas emociones surgen, y a veces te pueden dar información útil. A veces, no siempre. Pero a lo que voy es que mantenerlas y dejarte llevar por ellas, no es inteligente. No es consciente. ¿Por qué? Por dos razones muy concretas.
Primero, porque te afectan a ti. Como seguramente te ha pasado, el cuerpo resiente las emociones que albergas. Ya sea como tensión, irritación, colitis, dolor de cabeza, inflamación o como ese cansancio que no termina de irse. Entonces, las emociones se acumulan en el cuerpo y definitivamente terminan teniendo un impacto.
La segunda razón, es que esas emociones afectan a los demás también. ¿Qué pasa si, por ejemplo, estoy con mi pareja y estoy de malas? Pues ese mal humor va a afectarle de alguna u otra forma, a mi pobre pareja, ¿verdad? Va a tener un impacto en ella.
Más aún, las emociones se transmiten, se contagian. Seguramente te ha pasado que vas manejando y el conductor detrás de ti viene acelerado, viene estresado. Tú lo sientes, ¿verdad? Aunque no hables o tengas contacto directo con esa persona. Ese acelere, ese estrés te afecta, ¿no es así?
Entonces, cuando no nos hacemos cargo de nuestras propias emociones, contaminamos el ambiente a nuestro alrededor: en casa, en el trabajo, con nuestros seres queridos.
A una escala mayor, esa negatividad acumulada se manifiesta como los problemas que vemos en el mundo, de violencia, crueldad, conflictos, etc. Cada vez que mantenemos y nos dejamos llevar por el enojo, la frustración, la impaciencia, añadimos más negatividad al mundo. Así que, no es de sorprender que el mundo está como está.
En mis cursos introductorios de mindfulness, hay un principio que siempre me gusta compartir porque es fundamental. Este principio es: “Yo soy responsable en todo momento de mi estado emocional”.
A la fecha, todavía no he encontrado a alguien que no esté de acuerdo con este principio. Y sin embargo, en la práctica, hacemos todo lo contrario: le echamos la culpa a la otra persona, al jefe, al tráfico, al gobierno, a Dios, a nuestra mala suerte, a quien se deje.
Ahora bien, ninguno de nosotros podemos evitar que surja una emoción. Si alguien me hace algo injusto, cruel, violento, pues naturalmente va a surgir enojo, miedo, tristeza, angustia en mí. Eso está perfectamente bien, pero considera lo siguiente:
¿Dónde está la emoción? La emoción no está allá afuera, ¿verdad? La emoción está dentro de mí. Por lo tanto, ¿quién es el único o la única que puede hacerse cargo de ella? Pues yo, ¿verdad?
Por ello, sin lugar a dudas, yo soy responsable de mi estado emocional. En todo momento. Porque no hay nadie más que se pueda ocupar de las emociones que hay dentro de mí.
De mí depende qué hago con esa emoción que estoy experimentando, aunque la haya causado otra persona. De mí depende cuánto tiempo la mantengo y sobre todo, de mí depende cómo respondo en el momento, independientemente de lo que la emoción me está diciendo que haga.
Esto es lo que significa ser responsable de tu estado emocional. No es pretender que todo está bien. Tampoco es reprimir lo que sientes o criticarte por la emoción. Es reconocer que la emoción está en ti, y por lo tanto, tú eres quien tiene que atenderla.
Relacionado con esto, hay algo más que es importante explorar:
Si actúo con base en lo que me dice la emoción, entonces hay una falta de presencia en mí. Sin darme cuenta, la emoción me está controlando, en lugar de yo estar en control de mí mismo, de mis acciones.
De nuevo, esto no es un juicio. No estoy diciendo que esté mal que te enojes o que sientas angustia. Lo que estoy diciendo es que en ese momento, no estás siendo plenamente consciente. La emoción está tomando las riendas, y tú te conviertes en el pasajero.
Asumir responsabilidad de tu estado emocional es, a final de cuentas, actuar con plena consciencia. Es darte cuenta: “Dentro de mí, hay esta emoción dentro de mí, pero yo decido cómo responder. La emoción quiere que reaccione, que alce la voz, que actúe de forma agresiva, pero no necesariamente tengo que actuar así. Voy a hacer lo correcto en el momento, independientemente de lo que me esté diciendo la emoción”.
Cuando eres responsable de tus emociones, cuando te haces cargo de ellas en lugar de esparcirlas, estás contribuyendo de una forma muy real, a un mundo mejor.
Sé que a lo mejor esto suena trillado, pero es muy cierto. Tu familia lo siente. Tus compañeros de trabajo lo sienten. Las personas con quienes te cruzas en el día a día lo sienten. Cada vez que te haces cargo de una emoción difícil en lugar de contagiarla, estás quitando un poco de negatividad del ambiente.
Para mí, esta es una de las contribuciones más grandes que puedes hacer al mundo que vivimos.
La invitación del día de hoy es muy sencilla:
La próxima vez que notes una emoción dentro de ti, ya sea enojo, angustia, frustración, tristeza, lo que sea, en lugar de justificarla o de echarle la culpa a algo o a alguien, simplemente recuerda: “Yo soy responsable de mi estado emocional.”
No como un reproche, ni como una crítica, sino como un recordatorio de que tienes la capacidad para manejar las emociones que surjan en ti.
Muy bien. Gracias por escucharme. Nos vemos en el siguiente episodio.
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