Eres mucho más que un cuerpo y una mente
Episodio 1
Resumen
En este primer episodio, te invito a explorar algo que raramente notamos: que nuestra parte más real, la esencia de lo que somos, está más allá del cuerpo, de la mente, de la idea que tenemos de nosotros mismos.
Ese “algo” no puede ser dañado, no envejece, no muere.
Esto no son meras palabras bonitas ni una creencia más que puedes adoptar. Es la verdad de lo que ya eres en este momento. Solo tienes que aprender a reconocerlo.
Si alguna vez has sentido, aunque sea por unos instantes, una inexplicable paz, un amor incondicional o una alegría espontánea, este episodio es para ti.
¿Quieres que te avisemos cuando se publique un nuevo episodio? Suscríbete aquí
Transcripción
Hola, soy Héctor y quiero darte la más cordial bienvenida a Desde la Presencia.
Este podcast nace de una intención muy sencilla: acompañarte a vivir con más paz, con un corazón más abierto, con más alegría, bienestar y libertad interior.
A lo largo de los episodios, vamos a hablar de una gran variedad de temas: relaciones interpersonales, trabajo, emociones, estrés, pareja, educación de los hijos, enfermedad, amor, compasión, lo que está pasando en el mundo, y mucho más. Vamos a abordar todo esto desde una perspectiva más profunda. Vamos a mirarlo desde la presencia, y de ahí el nombre del podcast.
En este primer episodio, quiero empezar con algo fundamental: tu verdadera naturaleza.
Cuando uso este término, algunas personas piensan que me refiero al inconsciente. Incluso hay quienes sienten cierta aprensión, porque imaginan que van a encontrar algo oscuro dentro de sí mismos. Evidentemente no es así.
Cuando hablo de tu verdadera naturaleza, me refiero a algo mucho más profundo. Es la esencia de lo que eres, lo que fundamentalmente eres, más allá de tu historia, más allá de tu carácter y personalidad, más allá de tus heridas, más allá de tus problemas.
Tu verdadera naturaleza es paz. Es amor. Es apertura. Es una alegría serena que no depende de que todo vaya bien en tu vida. Y es una tremenda libertad. Eso es lo que realmente eres.
Es posible que en este momento no me creas, o que haya dudas en ti. Y si es así, está perfecto. De hecho, es importante que esto no se convierta en una creencia más. Lo que realmente hace la diferencia es descubrir la verdad de tu ser en tu propia experiencia.
Como seres humanos, hemos perdido de vista esta dimensión más profunda. Nos identificamos tanto con el cuerpo, con la mente, con nuestra historia personal, que asumimos que eso es todo lo que somos. Creemos que somos nuestros pensamientos. Creemos que somos nuestras emociones, nuestras heridas, nuestros miedos. Creemos que somos la idea que tenemos de nosotros mismos.
Sin embargo, hay algo en ti que está más allá de todo eso. Algo que está presente incluso cuando la mente está agitada, cuando hay tristeza, miedo o confusión. Ese algo que observa no está confundido, no tiene miedo ni tristeza. Eso que observa no se altera ni se daña, tampoco necesita ser reparado ni mejorado. Y a eso es a lo que me refiero cuando hablo de tu verdadera naturaleza.
Evidentemente, no estoy diciendo que, como persona, no tengas cosas que trabajar. Claro que todos las tenemos. Todos tenemos hábitos, patrones, heridas, reacciones, puntos ciegos. Todo eso pertenece al nivel psicológico de nuestra experiencia. Pero no es lo más profundo que somos.
Hay una dimensión dentro de ti que está más allá de la persona que eres. Una dimensión que no depende de si te va bien o mal en la vida, de si tienes salud, trabajo o dinero, o de lo que los demás piensen de ti.
Ahora, esto es muy importante: estoy seguro de que, en algún momento de tu vida, ya has estado en contacto con esa realidad más profunda dentro de ti. Quizás estabas en la naturaleza, mirando el mar, caminando entre los árboles, observando el cielo. O quizás fue en un momento de silencio, o en un instante de intimidad con alguien. O quizás estabas haciendo ejercicio, escuchando música, o sosteniendo a tu hijo o hija.
Incluso pudo haber pasado en medio de un momento muy difícil. Un momento en el que, a pesar del dolor o de la incertidumbre, algo en ti estaba totalmente en paz, inexplicablemente en paz. Tal vez duró solo unos cuantos instantes, y quizás no lo pudiste poner en palabras. Pero lo sentiste, ¿verdad?
Había en ti una gran paz a pesar del caos. Tu corazón estaba abierto. Sentiste una gran libertad, o por lo menos una ausencia de sufrimiento. Esa es tu verdadera naturaleza.
Quiero que sepas que lo que estoy diciendo no son meras palabras bonitas, tampoco es un ideal que puedas alcanzar. Es lo que ya eres, tal cual, aquí y ahora.
A lo mejor estás pensando: “Sí, he tenido esos momentos, pero han sido solo instantes. A veces me enojo, me frustro, me siento con ansiedad, tengo problemas, me cuesta trabajo estar en paz. Entonces, honestamente, no creo que esa sea mi verdadera naturaleza.”
Y lo entiendo perfectamente. Nos pasa a todos. La vida nos absorbe, las responsabilidades nos jalan, las preocupaciones y las emociones nos atrapan.
Pero la verdad, con V mayúscula, es que eres mucho más que un cuerpo y una mente. Eres mucho más que la idea que tienes de ti mismo, de ti misma. De hecho, todas las grandes tradiciones espirituales y contemplativas han apuntado hacia esto mismo durante siglos. Cada una con su propio lenguaje, cada una con sus propias prácticas, pero señalando hacia una misma verdad: hay algo en ti que ya está completo, algo que no necesita mejorar, algo que no puede ser dañado, que no puede enfermarse, envejecer ni morir. Y la maravilla de maravillas es que ya está aquí. Ya eres eso.
Entonces la pregunta obligada es: ¿por qué no lo siento? ¿Por qué no vivo desde ahí? ¿Por qué me pierdo tanto en mis pensamientos, en mis emociones, en mis problemas?
La respuesta es sencilla: porque tu esencia es tan íntima, tan cercana, tan profundamente lo que eres, que pasa desapercibida.
Tu verdadera naturaleza es como el espacio en una habitación. Normalmente no lo notas, ¿verdad? Notas los muebles, las paredes, los objetos, si algo está ordenado o desordenado. Pero el espacio en sí, el que contiene todo, pasa desapercibido. Y sin embargo, sin ese espacio, nada podría aparecer.
De la misma manera, notamos pensamientos, emociones, sensaciones, los objetos y formas a nuestro alrededor. Es decir, nos enfocamos en el contenido, no en el espacio en donde todo esto aparece. No notamos aquello que observa.
Entonces, la práctica, si le podemos llamar así, no consiste en transformarte en una mejor persona. No se trata de alcanzar más paz, ni de dominar la mente o las emociones. La práctica consiste en reconocer lo que ya está aquí, en traer tu atención de vuelta, una y otra vez, hacia ese lugar desde el cual observas, hacia esa presencia quieta y estable que está antes de cualquier pensamiento.
Y sí, un retiro te puede ayudar muchísimo, y la meditación es increíblemente útil para llegar a ese reconocimiento. Pero la verdad de tu ser no está en otro lugar. Ciertamente no está en el futuro, y definitivamente no está reservada para monjes o personas especiales. Está aquí, dentro de ti, en este momento, tal como eres.
Lo único que tienes que hacer es empezar a mirar. Empezar a notar ese fondo de presencia que siempre ha estado ahí. Puede ser que te tome tiempo, puede requerir práctica, silencio y paciencia. Y esto es porque estamos muy habituados a enfocarnos en lo observado, no en lo que observa.
Pero cuando este reconocimiento empieza a darse, aunque sea muy pequeño, algo cambia. Empiezas a darte cuenta de que no eres cada pensamiento que aparece en la mente, no eres cada emoción que surge, no eres cada miedo, cada preocupación, cada historia mental que te cuentas de ti mismo. Encuentras algo muy profundo, algo totalmente estable, algo increíblemente vasto.
Y cuando descansas en ese lugar, por así decirle, aunque sea solo por unos momentos, notas una paz distinta. No porque todo afuera se haya resuelto, sino porque ya no estás completamente atrapado o atrapada dentro de lo que ocurre. Hay más espacio dentro de ti, más perspectiva, más libertad.
Y desde ahí, experimentas la vida de otra manera. Las cosas te siguen importando, pero ya no te arrastran. Las emociones siguen apareciendo, pero cada vez con menos peso. Las circunstancias a tu alrededor te afectan menos. El miedo se va disolviendo y el sufrimiento, poco a poco, va disminuyendo.
Dentro de ti surge una alegría natural, sencilla, espontánea. No una alegría eufórica, ni una alegría que depende de que las cosas salgan como quieres. Es una alegría que simplemente viene de estar en contacto con lo que realmente eres.
Para mí, este es el descubrimiento más importante que puedes hacer en tu vida. Porque todo cambia para bien. Cambia la forma en la que te relacionas contigo mismo, con los demás, con el mundo. Cambia la forma en la que enfrentas las dificultades. Te vuelves más paciente, más ecuánime. Incluso podríamos decir que te vuelves más bonachón, más bonachona.
A lo mejor aún no has llegado al reconocimiento pleno de tu verdadera naturaleza. Pero como mencioné, estoy seguro de que has tenido pequeños momentos en tu vida en que lo has experimentado, lo has sentido. Muy posiblemente hay una parte en ti que está escuchando lo que estoy diciendo e intuye: “Sí, así es. Esa es la verdad.”
Eso es suficiente. Es una semillita que deseo que eventualmente te lleve a descubrir el maravilloso ser que realmente eres.
Muy bien. Gracias por acompañarme en este primer episodio de Desde la Presencia. Si algo de lo que escuchaste resonó contigo, te invito a acompañarme en los próximos episodios.
Nos vemos pronto.
También te puede interesar...
- Curso de Meditación y Mindfulness CDMX (16 y 17 de mayo)
- Retiro de Meditación y Mindfulness CDMX (20 al 24 de mayo)
- Certificación de Maestro/a de Meditación y Mindfulness (inicia septiembre 2026)