Deja de pelearte con el momento
Algo que hacemos mucho como seres humanos es: pelearnos con el momento presente.
Lo hacemos en una infinidad de situaciones: Cuando estamos atorados en un embotellamiento. Cuando tenemos algún problema de salud. Cuando alguien se comporta no como esperaríamos o como desearíamos. Cuando el dinero no nos alcanza. Y, en general, cuando las cosas no nos salen como queremos.
Si te fijas, detrás de todo eso siempre hay un pensamiento —un juicio— de este tipo:
- “Esto no debería estar pasando”.
- “Esto no me gusta”.
- “No es justo”.
- “¿Por qué a mí?”
- “Yo quería otra cosa”.
- “Esto me está arruinando el día”.
Entonces, está la situación (lo que está pasando), y encima le ponemos una capa extra. Una capa de tensión, estrés, enojo, frustración, rechazo, miedo, preocupación…
Esa capa no cambia los hechos, pero sí cambia por completo cómo experimentamos el presente.
La realidad ya es lo que es
Byron Katie, una maestra espiritual, suele decir: “Puedes pelearte con la vida, pero vas a perder 100% de las veces.”
¿Por qué? Porque la realidad —lo que está pasando en el momento— ya es así. Puedes frustrarte porque las cosas en el momento no son como te gustan o como prefieres, pero si lo haces, vas a sufrir.
Veámoslo con un ejemplo burdo: es como discutir porque existe la gravedad. Todos sabemos que hay gravedad, y si dejo caer cualquier objeto… va a caer. Siempre. Puedo hacer berrinche, quejarme y enojarme con la gravedad, pero la realidad siempre va a ganar.
A nivel intelectual sabemos que “así son las cosas” en un momento dado. Sin embargo, en la realidad, frecuentemente resistimos o rechazamos el momento presente.
No es resignación, ni pasividad
Quiero hacer una aclaración importante: cuando hablo de dejar de pelearte con la realidad, no estoy hablando de resignación. No es volverte pasivo/a. No es tomar una actitud de “ah, pues ya ni modo… siempre va a ser así”.
De joven, esto me costó mucho trabajo entenderlo, porque pensaba: “Si acepto las cosas, si acepto el momento… ¿entonces me tengo que aguantar?”. Y no es así.
Es más bien dejar de rechazar el momento tal cual es, a fin de poder responder mejor.
Para que esto quede muy claro, veámoslo con dos ejemplos concretos.
Ejemplo 1: el tráfico (y el choque con “cómo deberían ser las cosas”)
Yo viví muchos años en Inglaterra y allá la gente sigue las indicaciones, todos tienen que pasar por un examen de manejo muy difícil, y se respetan los señalamientos. Y me había acostumbrado a eso.
Cuando regresé a vivir a México, yo solía frustrarme mucho con la forma en la que la gente aquí maneja. Pensaba: “¿Cómo es posible que se esté metiendo por el acotamiento?”, “¡Se está pasando el alto!”, y todo eso.
Con lo que estoy diciendo no estoy sugiriendo tomar la actitud de: “¡Ay, me encanta cómo manejan en este país!”
Más bien es: “Ok… así maneja la gente aquí. ¿Qué puedo hacer? ¿Cuál va a ser mi respuesta ante todos estos cafres que están a mi alrededor?”
Ese giro es la diferencia entre resistirte al momento y usar el momento como punto de partida para responder con más inteligencia.
Ejemplo 2: salud (aceptar como punto de partida para cuidarte)
Supongamos que tienes problemas de salud. Aceptación no sería: “Pues ya así va a ser siempre… ya no voy al doctor… total, si me muero, me muero”.
Eso no es aceptación, eso sería abanresignacióndono.
La aceptación sería más bien: “El día de hoy, me siento así. Por ahora así está mi cuerpo. ¿Qué puedo hacer para cuidarme? ¿Qué acción puedo tomar?”
Entonces, la aceptación es punto de partida para una acción más inteligente. No quiere decir pasividad.
La diferencia sutil que lo cambia todo
Como te puedes dar cuenta, a lo que me estoy refiriendo es algo muy sutil.
- Hay una diferencia enorme entre estos dos pensamientos:
“Esto que estoy pasando es difícil.” - “Esto no debería estar pasando.”
El primero reconoce la realidad: “Sí, esta situación es endiabladamente difícil. Es dolorosa. No es fácil.” Pero la segunda es rechazo: “No quiero que sea así.”
Y esto es fundamental: esa resistencia —ese rechazo— es de hecho lo que nos hace sufrir.
Esta vida a veces duele, definitivamente. Pero cuando además resistimos lo que está pasando, nos duele el doble.
Muchas veces lo que realmente nos afecta no es tanto lo que está pasando (eso lo podemos tolerar), sino la resistencia: “No quiero que sea así”, “¿por qué a mí?”, “esto no debería ser”.
En otras palabras, paradójicamente, no es la realidad en sí lo que más nos hace sufrir… sino el juicio, el pensamiento, el rechazo.
“Hágase tu voluntad” visto desde otro ángulo
Seguramente has oído esta frase que viene del Padre Nuestro: “Hágase tu voluntad.”
Raramente hago mención acosas de tipo religioso, pero en este caso, quiero hacer una excepción porque esta frase puede ayudarnos a explorar el tema con mayor profundidad.
“Hágase tu voluntad” se refiere a la voluntad de Dios. ¿Y qué es, al final de cuentas, esa voluntad? Pues es simplemente lo que está pasando ahora.
Entonces, podríamos decir que siempre se hace la voluntad de Dios. En otras palabras: este momento ya es tal cual, no lo puedo cambiar.
Si quieres quitarle lo religioso, puedes verlo así: “Lo que ocurre es la realidad, es la vida tal cual se está dando.”
Entonces, ese “Hágase tu voluntad” no es una plegaria a alguien externo, sino nos ayuda a recordar algo internamente: permito que el momento sea como es… porque de hecho ya lo es.
La realidad es inevitable. El sufrimiento viene de: “No quiero esto”, “no me gusta”, “preferiría que fuera de otra forma”.
Un ejercicio práctico
¿Cómo dejar de pelearte con el presente?
Te invito a pensar en algo que te esté incomodando el día de hoy. Algo que no está saliendo bien. Una situación compleja, difícil, con alguna persona, en el trabajo… aunque sea mínima.
1. Identifica los pensamientos de rechazo.
“Esto no debería ser así.”
“Esta persona debería comportarse de otra forma.”
“Me gustaría que esto fuera distinto.”
2. Gíralo con una frase simple.
“Ok… esto es lo que hay por ahora.”
“Así es la situación en este momento.”
Solo notando las cosas tal cual son. A lo mejor dentro de cinco minutos cambian, pero en este momento así son.
3. Haz la pregunta natural que sigue.
“¿Qué respuesta amorosa, gentil e inteligente puedo tomar en este momento?”
“¿Qué puedo hacer?”
“¿Qué acción puedo tomar?”
Si te fijas, esto no se queda en “acepta y ya”. Eso sería resignación. Es más bien: nota lo que está pasando, deja de pelearte con ello, y responde.
Conclusión
Dejar de pelearte con el momento no significa que todo se va a volver de color de rosa. Las circunstancias pueden ser difíciles, complejas, demandantes. Pero pelearte con lo que está pasando no es inteligente: gastas energía, sufres, y pierdes cada vez.
Nunca le vas a ganar al momento. El presente siempre va a ser como es.
En la medida en que dejamos de resistir lo que se presenta, esto nos permite actuar, cuidar, decidir, cambiar… pero ya no desde el choque, sino desde un lugar de mayor claridad, más sabiduría y más paz.
Si esto te hace sentido y quieres aprender más de forma práctica y acompañada, te invitamos a:
- Tomar uno de nuestros cursos y programas
- Participar en el Congreso Mindfulness Hoy
- Asistir a nuestro Retiro de Meditación